jueves, 25 de agosto de 2016

Dicen




Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza en el mismo lugar dos veces.

Es posible, no lo dudo, pero lo que creo que ocurre es que la mayoría de las veces, no es que tropiece, que también, lo que ocurre es algo muy distinto.

Tenemos muy mala memoria, pero, seguramente, no es que sea mala, es que es muy selectiva y es cuando caemos, no tropezamos.

Nos entregamos a la trampa que todos nos apoyan con sus actitudes o modas.

¿Será que caemos en las modas?

¿Será que no nos preguntamos porqué hacemos una cosa y no otra?

Parece ser que tenemos una querencia irrefrenable que no es otra que volver a tropezar en la misma piedra de la insensatez del camino de la vida.

Dicen.

lunes, 22 de agosto de 2016

La luna entre nubes



No sabía si ese día tan especial iba a llover.

Decidió que lloviera o no, portaría su paraguas.

Pensó que ése artilugio era como un talismán donde refugiarse no sólo de la lluvia, también de las miradas de los demás.

Era el clásico paraguas grande de tela negra, no de esos transparentes, que no le gustaban nada.

Pero según iba por la calle, le estaban jugando una mala pasada las nubes pues no acababan de descargar  lágrimas del cielo.

Cuando cruzó la plaza del pueblo accionó el resorte del artilugio y se abrió como si fuera una gran estrella negra tapando sus pensamientos.

No quería que nadie supiera lo que estaba pensando, nadie.

Notó que la gente susurraban cosas que a él le parecían insultos, aunque en realidad eran conversaciones de otras personas que se cruzaban a su paso.

Estaba tan absorto en sus cuitas que no se dio cuenta que la noche se le había echado encima.

Entonces cerró la estrella negra y vió cómo le estaba mirando la luna entre nubes.

jueves, 18 de agosto de 2016

Sin darse cuenta




Todo transcurrió sin darse cuenta.

Ni se percató que le estaban hablando.

Aparentaba tener la conciencia en otro lugar, no era capaz si estaba en este. Mundo o no.

Acababa de llover y toda la naturaleza le transmitía paz y tranquilidad.

Percibía todo tipo de olores que desprende la tierra cuando se empapa por la lluvia repentina que cae cuando menos se espera después de una mañana de intenso calor.

Se quedó atónito viendo cómo alguien le estaba mirando intensamente, como si le quisiera decir un mensaje.

Pero no podía articular palabra y su cuerpo lo notaba liviano, no sentía la gravedad. Se dio cuenta que estaba volando.

Veía toda esa naturaleza desde muy alto y observaba que ya no distinguía ni a las personas, solo eran puntitos.

Seguía volando más y más alto.

Quiso gritar con todas sus fuerzas, pero no le salía ningún sonido de su boca, y en vez de ponerse nervioso, se alegró de que así fuera.

Ya no sentía ni frío ni calor. No sentía angustia, tampoco miedo.

Estaba sumamente feliz, sin darse cuenta.